1 de marzo de 2025

En lo últimos años, los centros comerciales han asumido funciones que antes pertenecían a las calles y plazas. Pero, ¿realmente pueden sustituir los espacios públicos?

La reciente tragedia en el Real Plaza de Trujillo, ocurrida en un espacio que muchas personas usan para el encuentro y el ocio, nos obliga a cuestionar no solo las condiciones de seguridad de estos lugares, sino también el rol que desempeñan los centros comerciales en la vida urbana actual. En muchas ciudades, han desplazado a plazas, parques y otros espacios públicos que deberían ser accesibles para todos. Pero ¿qué implica que el ocio y la sociabilidad dependan de espacios regidos por la lógica del capital privado?

Fuente: RPP

El acceso a estos lugares está condicionado por la capacidad de consumo: si no compras, no perteneces. Este fenómeno no es casual. Es el resultado de un modelo global de ciudad donde lo público se ha desmantelado progresivamente, dejando el ocio y la convivencia en manos del mercado. Ya desde los 90s, Nestor García Canclini advertía que estos espacios privatizados han reconfigurado las formas de sociabilidad, especialmente entre los jóvenes, al convertirse en los pocos lugares donde pueden reunirse libremente.

Este tema ha sido un largo debate en el análisis urbano, en un contexto donde los espacios públicos de calidad se encuentran poco presentes en la planificación urbana de las ciudades contemporáneas. Como alertó la ONU en Hábitat III, la reducción de los espacios públicos en las ciudades se ha visto agravada por la falta de planificación urbana. En lugar de invertir en plazas, parques, bibliotecas o centros culturales accesibles, se ha normalizado la idea de que el entretenimiento solo puede suceder en espacios privados. Pero esta lógica excluye y segrega: quien no puede pagar, no tiene dónde estar.

Centros comerciales y fragmentación social

Si bien los centros comerciales han asumido funciones que antes pertenecían a las calles y plazas, no son equivalentes. No representan la vida pública de la ciudad, sino una versión privatizada, controlada y orientada al consumo. Son infraestructuras diseñadas para conducir a las personas al fin último de comprar. Más que integrar a la ciudadanía, estos espacios contribuyen a la fragmentación social: son burbujas desconectadas de la vida urbana, donde la concentración individualizada del consumo sustituye las dinámicas colectivas que caracterizan un espacio público real.

Una encuesta del 2020 de IPSOS revelaba que 1 de cada 3 ciudadanos acude a los centros comerciales para entretenerse. Esto evidencia el rol central que vienen asumiendo los centros comerciales, reemplazando otras formas de ocio y convivencia, consolidándose como los principales puntos de encuentro en muchas ciudades del país. Si los centros comerciales han ocupado el rol de los espacios públicos, la pregunta clave es: ¿qué alternativas tenemos?

Frente a este escenario, es necesario poner el foco en dónde persisten los espacios públicos en nuestras ciudades y qué dinámicas permiten su apropiación y resistencia. La privatización del ocio y la convivencia no solo transforma la manera en que socializamos, sino que también profundiza las desigualdades en el acceso a la ciudad. En este contexto, es clave preguntarnos qué condiciones permiten habitar colectivamente el espacio urbano y qué modelos de ciudad queremos construir.

Garantizar el derecho a la ciudad: recuperar los espacios públicos

La última cartografía cultural de Nodos Culturales ayuda a comprender el rol cultural de los espacios públicos en ciudades con poca planificación urbana, especialmente en Lima. La data revela que los espacios culturales de uso cultural se encuentran principalmente en las zonas de periferia urbana, reflejando la apropiación del espacio público para actividades culturales y comunitarias por parte de la ciudadanía ante la falta de infraestructura cultural adecuada.

Esto no solo evidencia una brecha en el acceso a la cultura, sino también una limitación en el derecho a habitar la ciudad en condiciones equitativas. Poder encontrarnos, expresarnos y construir comunidad en el espacio público es una condición fundamental para el ejercicio del derecho a la ciudad.

Sin embargo, no todos los espacios públicos ofrecen las mismas condiciones: mientras un parque con infraestructura adecuada facilita la apropiación y el desarrollo de actividades culturales, un pampón sin equipamiento limita su potencial. La calidad del espacio público es un factor clave para garantizar el acceso equitativo a la vida cultural y el ejercicio pleno del derecho a la ciudad.

Activación cultural del colectivo Urko Itinerante en el parque Pukllary Llaqta en el AAHH Santiago Apóstol, Comas (2018)

Es necesario fortalecer políticas urbanas que garantice el derecho a la ciudad, priorizando la creación y mantenimiento de espacios públicos accesibles, seguros y diversos. Esto implica no solo aumentar la inversión en infraestructura urbana—como parques, plazas, bibliotecas y centros culturales—sino de asegurar que estos sean accesibles, seguros y adecuados para la vida comunitaria. El debilitamiento del espacio público no solo transforma la manera en que socializamos, sino que limita el ejercicio de derechos fundamentales como la libre expresión, el uso del territorio y la participación cultural.

La tragedia en el Real Plaza de Trujillo no puede reducirse a un caso aislado. Es una alerta sobre las condiciones de seguridad en estos espacios privatizados, pero también es una alerta sobre el modelo de ciudad que estamos aceptando. Nos obliga a dejar de normalizar que los centros comerciales sean los principales espacios de encuentro en nuestras ciudades. Necesitamos cuestionar esta realidad y pensar en alternativas que devuelvan el protagonismo a lo público, lo colectivo y lo accesible. Además de exigir justicia, reparación y responsabilidades, es fundamental también interpelar a quienes diseñan nuestras ciudades y preguntarnos qué modelo urbano estamos promoviendo y quiénes realmente pueden habitar nuestras ciudades.

Activación cultural del colectivo Urko Itinerante en el parque Pukllary Llaqta en el AAHH Santiago Apóstol, Comas (2018)

Natalia Elías Pineda

Gestora Cultural | Analista en temas urbanos y culturales

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